Desde pequeña he estado veraneado en Salobreña y nunca olvidaré los paisajes que nos ofrecían la ciudad.

Unos de los lugares con más encanto es el Castillo de Salobreña. Esta fortaleza fue construida por los árabes para su descanso pero también como lugar de encarcelamiento.  Este castillo está dividido en tres grandes recintos. Se puede visitar pero tendrá que pagar una entrada simbólica.

Junto a este castillo, se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario. El estilo de este edificio es mudéjar y cuenta con una torre campanario rodeada de almenas. Para los más curiosos, dentro de la Iglesia pueden disfrutar de la imagen de la Virgen del Rosario.

Pero más que visitar monumentos, los turistas deciden visitar Salobreña por sus paradisiacas playas. En los meses de verano están llenas de gente. Algunas deciden ir a calas menos transitadas y tranquilas como La Guardia. Esta playa no es de piedras como Almuñécar sino de arena fina. Aunque Salobreña es un lugar donde viven en su mayoría personas de mediana edad, los jóvenes deciden desplazarse a otros pueblos cercanos como Motril o Nerja y disfrutar de noches de fiesta.

También para los más curiosos hay un museo donde se expone elementos de diferentes culturas como los fenicios, cartaginenses o romanos. Desde el casco histórico podrá disfrutar de enormes vistas de la Costa Tropical.

Para los que quieran ir tranquilos y no perderse por esto preciosos paisajes, este pueblo cuenta con oficinas de turismo donde hay guías que te hacen el recorrido mucho más placentero y te explica detalladamente cada uno de estos rincones.

Sin duda para mí Salobreña se ha convertido en uno de los rincones favoritos que me recuerda a mi infancia. Es un lugar ideal si tiene hijos pequeños y buscan momentos de tranquilidad y paz. Salobreña, un lugar de encanto.