Granada es maravillosa en cualquier época del año, pero el otoño, con sus colores y su melancolía le dan un toque especial. Una época maravillosa para disfrutar plenamente de todo lo que ofrece esta maravillosa ciudad. Decía Federico García Lorca en uno de sus poemas que “El otoño vendrá con caracolas, uva de niebla y montes agrupados”, una manera sencilla pero hermosa de animar a todo el mundo a visitar Granada cuando las hojas empiezan a caer.

¿Por qué visitar Granada en otoño? En primer lugar, por esos colores que van pasando del verde al amarillo, incluso a veces al blanco de las primeras nieves en Sierra Nevada. Cambian los colores, pero Granada sigue siendo una ciudad de espíritu cálido que acoge al viajero le da cobijo.

Pero, además, en otoño las calles de la ciudad vuelven a animarse con la juventud de los estudiantes que regresan a las aulas universitarias. Y comienzan los festivales culturales que convierten la ciudad en punto de encuentro de amantes del cine, del flamenco de la literatura.

Pasear por la ciudad en esos meses en los que el frío no ha llegado con toda su crudeza es, además, puro romanticismo. Abrazarse al ser amado dándose calor mientras se recorre el Paseo de los Tristes es una de esas experiencias que no se pueden olvidar. Como tampoco se puede olvidar la vista de la Alhambra desde al Albaicín con las mágicas luces del ocaso otoñal.

Y cómo no, también hay que degustar la ciudad. Cambian los olores, los aromas, los sabores. El otoño en Granada es el momento de la deliciosa fruta que da nombre a la ciudad, de castañas asadas cuyo olor inunda todos los rincones. Es el momento de disfrutar de la calidez de los bares y restaurantes que ofrecen los mejores platos típicos para confortar el cuerpo y también el alma del cansado viajero.

El otoño en Granada es diferente, es único, es especial. Merece la pena vivirlo, aunque solo sea una vez en la vida